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Los salmos son composiciones o cánticos de alabanza o invocación a Dios. También son conocidos como salterios y en la Biblia hay 150 divididos en cinco libros que se cree que fueron escritos por profetas, sabios y poetas.

Origen de los salmos


No hay una opinión unánime sobre el origen de los salmos. La versión más extendida cuenta que, antes de que naciera Jesús, el pueblo hebreo recitó unos cánticos que después también serían recitados por el propio Jesús, la Virgen María, los Apóstoles y los Santos y originariamente fueron escritos con caracteres hebreos. En sí, los salmos suponen una alabanza a Dios, una forma de mostrar agradecimiento por su poder y su amor.

¿Quiénes son los autores?

No es fácil responder a esta pregunta porque no hay una versión unánime sobre ello. Algunas fuentes de información indica que los salmos tienen distintos autores entre los que se cuentan David, Moisés, Asaf, Herman, los hijos de Core, Salomón, Etan y Jedutum (y algunos autores anónimos). ​Sin embargo, en la tradición cristiana no son pocos los que consideran a David como único autor de todos ellos. 

Clasificación de los Salmos


Clasificación de los Salmos Como hemos indicado con anterioridad la Biblia recoge un conjunto de 150 salmos que se clasifican en distintas categorías teniendo en cuenta su mensaje:
  • Himnos.
  • Súplicas.
  • De acción de gracias.
  • Reales.
  • Mesiánicos.
  • Cánticos de Sion.
  • Didácticos y de sabiduría.


Uso litúrgico

En la tradición cristiana el uso de los salmos es extenso y data del tiempo de Cristo y sus Apósteles. Se cree que antes y después de la Última Cena se recitaron distintos salmos, pero también durante la agonía y muerte de Jesús. Se considera que San Ignacio de Antioquía introdujo en la Iglesia la costumbre de recitar cánticos.

Los virtudes de los salmos


Cada uno de los 150 salmos nos transmite un mensaje distinto sobre una misma base. Son muchos los que consideran que recitarlos no es sólo una cuestión de gratitud, sino también una forma de intentar conseguir objetivos. Algunas personas consideran que recitar salmos ayuda a:
  • Dar fortaleza a quien quiere alcanzar una meta particular en sus vidas.
  • Iluminar a quien necesite fuerza para superar un mal momento en sus vidas. Para abrir la visión, la intuición y recuperar la armonía.
  • Fortalecer el espíritu y la mente.
  • Calmar el corazón y en alma ante las angustias que a veces se padecen en la vida.
  • Sentir la presencia de Dios en todo momento.