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Sendero de la fe y el camino en la religiosidad

Sendero de la fe y el camino en la religiosidad

Todas las religiones en mayor o menor medida, hablan de un camino hacia la realización espiritual. Un sendero por el cual es necesario transitar cuando estamos en busca de reconectarnos con la divinidad, con el mundo espiritual o sencillamente cuando asumimos el dogma de una religión que nos marca el camino exacto que debemos seguir para la auto-realización espiritual.

Ese camino, se reconoce como el “Sendero de la fe”, pero la realidad es que muchas personas transitan el camino del temor a DIOS, a su castigo, en lugar del camino de la fe hacia él o hacia la doctrina religiosa que asumen como vía de ascenso espiritual.

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El sendero según la religión


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Según los diferentes documentos pertenecientes al Concilio Vaticano II, todas las personas bautizadas bajo la religión católica están llamadas a la santidad y deben participar activamente en la construcción del reino de Dios.

Eso es entonces el sendero que para la religión católica debe seguirse y es un camino que de hecho es compartido por otras religiones, aunque con ligeras variaciones.

Para Confucio, el camino implica seguir determinados rituales en orden específico, para de alguna manera, regular el comportamiento y establecer un orden adecuado tanto en la familia como en la sociedad.

De ahí que se deba contraer matrimonio, y sentir respeto por los maestros y cualquier otra manifestación de la tradición religiosa como forma de establecer un orden moral.

Aunque, a diferencia de la religión católica, no se centra en el amor a la figura de Dios, sino en el humanismo como agente de cambio y de transformación, el humanismo como causa de relaciones adecuadas entre gobernantes y gobernados, entre marido y mujer o padres e hijos.

Sigamos el sendero de la felicidad


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La felicidad de cada persona depende mucho de los principios que decida seguir, más que de las circunstancias o del dogma que decida asumir como guía de su existencia.

La vida está llena de incertidumbre y por más que planifiquemos e intentemos seguir los mandatos del dogma religioso que adoptemos, siempre habrán determinados momentos en los que un instante nos cambie el curso de la vida.

El camino religioso ha de llevarnos al desarrollo personal y a la satisfacción, a superar los diferentes obstáculos de la vida y a asumir los desafíos con confianza y sin temor al futuro, de manera de alcanzar la felicidad individual, la paz y la serenidad en la vida.


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