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San Juan de Dios: una vida entregada a los demás

San Juan de Dios: una vida entregada a los demás

San Juan de Dios nació en 1495 en Montemor o Novo, en Portugal y murió en 1550 en Granada, España.

A lo largo de los cincuenta y cinco años que separan ambos momentos San Juan de Dios vivió una vida llena de reveses que, según cuenta la historia, supo aprovechar para conseguir su último fin: ayudar a curar el alma y el cuerpo de los más pobres.

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Origen de San Juan de Dios


Se dice que  San Juan de Dios fue pastor en su juventud y que no sería hasta los 27 años que se alistaría en el ejército como soldado. Nadie puede saber a ciencia cierta lo que vio o hizo en los campos de batalla, pero lo que parece obvio es que esta experiencia le cambió la vida por completo.
 

De las armas a los libros

Cuentan que cuando San Juan de Dios salió del ejército comenzó a vender libros religiosos y estampas por las calles y que fue así como llegó a Granada, ciudad en la que viviría sus últimos años.

Fue en esa ciudad donde escuchó un sermón predicado por  San Juan de Ávila y que fue justamente ese el momento de su conversión.

 

La vida en el manicomio

Parece incierto si fue voluntad de San Juan de Dios hacerse pasar por un loco o si realmente experimentó algunos momentos de locura. Lo cierto es que por esa razón San Juan de Dios fue humillado y apedreado y finalmente fue internado en un manicomio.

Cuentan que allí sufrió diversos maltratos por parte de los enfermeros. Pasado un tiempo San Juan de Dios consiguió salir de allí y fundó un hospital para personas sin recursos.
 

De paciente a cuidador

Tras su paso por el manicomio, San Juan de Dios decidió que quería entregar el resto de sus días a cuidar de personas que apenas tenían recursos para sobrevivir y que estaban enfermas.

Algunos sostienen que fue su paso por aquel lugar el que le hizo entender cuál era su verdadera misión en la vida que no sería otra que cuidar de los enfermos y los pobres.
 
Así inicia el proyecto de un hospital, casi sin recursos pero cargado de ilusión, fuerza y con la ayuda de algunas personas que creen en él. Poco a poco, y a medida que su ayuda se iba extendiendo por los rincones de Granada, recibe el apoyo de personas que quieren ayudarle en su labor.

Así mismo también su fama iba en aumento y no dejó de crecer hasta su muerte, en 1550. 
 

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