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Salmo 86, la solución en manos de Dios

Salmo 86, la solución en manos de Dios

El salmo 86 es una oración de súplica a Dios por su constante misericordia. Se trata de la súplica de alguien que se siente perseguido o asediado.

Que busca dejar sus problemas y tribulaciones en manos de Dios, por eso también se asocia este salmo a una petición de auxilio del Altísimo.

En esta ocasión te contaremos cómo puedes aplicar esta oración en tu vida diaria. Gana confianza con Dios encomendándole tus angustias, pesares y molestias espirituales.

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Súplica y agradecimiento a Dios con el salmo 86


salmo 86

Las quejas expresadas en el salmo 86 son humildes y tienen cierta carga de simplicidad, además de estar relacionadas con los recuerdos de algunos salmos de la Biblia.

La composición de esta oración se divide en tres partes: la súplica a Dios por su confianza, el agradecimiento a Yahvé, y la súplica por la solución ante los ataques de los enemigos espirituales.

Existen dos pasajes de este salmo que nos hace pensar que su escritura está motivada a varios motivos, por la manera tan peculiar como fue redactado. De hecho, muchos expertos piensan que se tarda de una escritura posterior al exilio de Babilonia.

El hecho de que sea una escritura sin tantas comparaciones y en un tono tan serio, hace que la súplica del autor sea mucho más clara para nosotros los lectores. El autor de este salmo es David.

El salmo 86 reflejará nuestra confianza a Dios, dejando en sus manos nuestros problemas como los fieles más devotos y siervos del Padre.

Este salmo refleja lo que cada persona puede sentir con el derecho contar con la protección de Dios, quien es el verdadero centro de nuestra vida, no solo en el aspecto espiritual.

El tiempo en el que fue escrito este salmo nos invita a la verdadera reflexión y su aplicación en nuestra vida: el pueblo de Israel se encontraba en pleno exilio, suplicando el auxilio de Dios, los verdaderos fieles se sentían abatidos por ello y David refleja su sentir en este escrito.

De la misma manera, en un mundo donde todos los días vemos hostilidades de todo tipo, que puedan hacernos flaquear en nuestro camino al encuentro con Dios, la única manera de solucionar nuestros problemas es dejar nuestros ánimos en manos del Padre para que éste con su infinita misericordia lo levante.

Nuestro Dios es poderoso y lleno de justicia, y como sus hijos, debemos esperar su indulgencia para el perdón de nuestros pecados y la salvación ante el castigo.

Salmo 86


Oración de David.

Inclina tu oído, Señor, respóndeme, porque soy pobre y miserable;

2 protégeme, porque soy uno de tus fieles, salva a tu servidor que en ti confía.

3 Tú eres mi Dios: ten piedad de mí, Señor, porque te invoco todo el día;

4 reconforta el ánimo de tu servidor, porque a ti, Señor, elevo mi alma.

5 Tú, Señor, eres bueno e indulgente, rico en misericordia con aquellos que te invocan:

6 ¡atiende, Señor, a mi plegaria, escucha la voz de mi súplica!

7 Yo te invoco en el momento de la angustia; porque tú me respondes.

8 No hay otro dios igual a ti, Señor, ni hay obras como las tuyas.

9 Todas las naciones que has creado vendrán a postrarse delante de ti y glorificarán tu Nombre, Señor.

10 porque tú eres grande, Dios mío, y eres el único que hace maravillas.

11 Indícame tu camino, Señor, para que yo viva según tu verdad; orienta totalmente mi corazón al temor de tu Nombre.

12 Te daré gracias, Dios mío, de todo corazón, y glorificaré tu Nombre eternamente;

13 porque es grande el amor que me tienes, y tú me libraste del fondo del Abismo.

14 Dios mío, los orgullosos se levantaron contra mí,

y una banda de forajidos atenta contra mi vida sin preocuparse para nada de ti.

15 Pero tú, Señor, Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarte, rico en amor y fidelidad,

16 vuelve hacia mí tu rostro y ten piedad de mí; fortalece a tu servidor, salva a tu hijo de tu servidora.

17 Dame una prueba de tu bondad, para que mis adversarios queden confundidos, al ver que tú, Señor, eres mi ayuda y mi consuelo.


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