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Salmo 38, el pedido de misericordia de David

Salmo 38, el pedido de misericordia de David

En común acuerdo con lo que dice el Salmo 38, la oración hace que Dios se acuerde del hombre o la mujer. Esto no significa que se haya olvidado de ellos, sino que se le pide una acción decisiva en favor de alguien.

Así como un niño llora ante su padre, David también lo hizo ante Dios. Reconoció que merecía el castigo, pero pidió que Dios moderara su disciplina con misericordia.

Como hijos, somos libres de pedir misericordia, pero no debemos negar que merecemos el castigo ya que toda acción tiene una reacción y la paga del pegado no son más que consecuencias de nuestras malas acciones.

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Usos del Salmo 38


Usos del Salmo 38

El reconocimiento y arrepentimiento de nuestros pecados ante Dios es vital para la vida como sus hijos. Esto no significa que Dios no lo vea todo, el omnisciente, está en todos lados y no hay nada que pase en este mundo de lo que no esté al tanto.

Al nosotros confesar nuestro pecado ante el Señor forma parte de nuestro temor hacia Él. De esta manera nosotros le demostramos que estamos conscientes de la mala acción cometida y que faltamos a su palabra.

En el Salmo 38, El Rey David además de su arrepentimiento expone las miserias que produce el pecado. Tal y como dice en el nuevo testamento en la carta a los Romanos 6:23 “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.

Para nuestro alivio no está hablando de una muerte física si no espiritual, que a su vez también puede tener consecuencias físicas. En el caso del Rey David se tradujo en una enfermedad que lo desahucio, pero también puede presentarse en nosotros en la forma de la perdida de las bendiciones por parte de Dios y aflicción de espíritu.

El pecado desordena nuestra vida, hace que verdaderamente nos sintamos fuera de las condiciones habituales. Esto pasa debido a que el pecado produce opresión, es un peso que sentimos en nuestros hombros al ya no ser respaldados por Dios.

Al final, si no confesamos nuestros pecados a tiempo y no nos arrepentimos como David el pecado podría terminar por corrompernos, desencadenar incontable cantidad de pecados mas y matar por completo nuestro espirito.

Esto nos hará reflexionar a la hora de pecar. Nos hará detenernos un momento y pensar si estamos dispuestos a cargar con las consecuencias que esto acarreará.

El Salmo 38


Jehová, no me reprendas en tu furor,
Ni me castigues en tu ira.

Porque tus saetas cayeron sobre mí,
Y sobre mí ha descendido tu mano.

Nada hay sano en mi carne, a causa de tu ira;
Ni hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado.

Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza;
Como carga pesada se han agravado sobre mí.

Hieden y supuran mis llagas,
A causa de mi locura.

Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera,
Ando enlutado todo el día.

Porque mis lomos están llenos de ardor,
Y nada hay sano en mi carne.

Estoy debilitado y molido en gran manera;
Gimo a causa de la conmoción de mi corazón.

Señor, delante de ti están todos mis deseos,
Y mi suspiro no te es oculto.

10 Mi corazón está acongojado, me ha dejado mi vigor,
Y aun la luz de mis ojos me falta ya.

11 Mis amigos y mis compañeros se mantienen lejos de mi plaga,
Y mis cercanos se han alejado.

12 Los que buscan mi vida arman lazos,
Y los que procuran mi mal hablan iniquidades,
Y meditan fraudes todo el día.

13 Mas yo, como si fuera sordo, no oigo;
Y soy como mudo que no abre la boca.

14 Soy, pues, como un hombre que no oye,
Y en cuya boca no hay reprensiones.

15 Porque en ti, oh Jehová, he esperado;
Tú responderás, Jehová Dios mío.

16 Dije: No se alegren de mí;
Cuando mi pie resbale, no se engrandezcan sobre mí.

17 Pero yo estoy a punto de caer,
Y mi dolor está delante de mí continuamente.

18 Por tanto, confesaré mi maldad,
Y me contristaré por mi pecado.

19 Porque mis enemigos están vivos y fuertes,
Y se han aumentado los que me aborrecen sin causa.

20 Los que pagan mal por bien
Me son contrarios, por seguir yo lo bueno.

21 No me desampares, oh Jehová;
Dios mío, no te alejes de mí.

22 Apresúrate a ayudarme,
Oh Señor, mi salvación.


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