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Salmo 32, perdónanos nuestros pecados

Salmo 32, perdónanos nuestros pecados

El Salmo 32 nos habla del perdón, que es una acción extremadamente controversial. Es algo que nos manda a hacer la palabra mas es tan difícil de lograr. Perdonar significa disculpar a alguien que nos ha ofendido o no tener en cuenta su falta.

La palabra griega que se traduce “perdonar” significa literalmente “dejar pasar”. Jesús, en el libro de los Lucas 11:4 usó esta comparación al enseñar a sus discípulos a orar: “Perdónanos nuestros pecados, porque nosotros mismos también perdonamos a todo el que nos debe”.

Pero ¿Cómo hacerlo? Pues por la infinita misericordia de Dios, Él nos da ejemplo de esto reiteradas veces. Una de ellas aparece en el Salmo 32.

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Usos del Salmo 32


Usos del Salmo 32

Perdonamos a otros cuando dejamos de guardar resentimiento y no insistimos en pedir una compensación por el daño que nos hayan hecho, o por la pérdida que hayamos podido sufrir tal y como El Señor lo hizo con el Rey David y lo hace con nosotros a diario.

El Salmo 32 es un Salmo llamado “Masquil”, es decir, un Salmo de instrucción. Esto nos dice que en este salmo David nos da instrucciones de valor: no esconderle nada a Jehova y confesar nuestro pecado. En este pasaje el Rey David no estaba hablando acerca de un hombre justo, que se merecía salvación. Él estaba hablando de un hombre pecador, que había sido perdonado.

El contexto de este salmo es que David había mandó a sus tropas a luchar contra los Amonitas mientras él se quedaba en Jerusalén. Durante ese tiempo, David cometió adulterio con Betsabé. Encima de todo esto David trató de encubrir su pecado haciendo que mataran al esposo de Betsabé.

Eso quiere decir que había cometido pecados graves siendo él rey de Israel, así que vivía con su consciencia sucia y un pesar constante, así que enfermo de gravedad. Hasta que el profeta Natan lo visito y lo hizo entrar en razón.

Es posible que muchos de nosotros nos encontremos agotados, cansados. El pecado ha disminuido nuestras capacidades físicas. Nos sentimos sin fuerzas para luchar. Nos hemos dado por vencidos. Es posible que el pecado nos haya dañado (enfermado) el cuerpo.

Pero David nos instruye por experiencia propia y exhorta a no ser tercos, a actuar sabiamente y volver nuestra mirada al Rey de Reyes, pues por su infinita misericordia nuestra vida será restaurada.

Cuanto más ahora que estamos en tiempos de gracia y podemos acudir a Jesucristo para que interceda por nosotros ante el Padre

Salmo 32


Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado.

Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad,
Y en cuyo espíritu no hay engaño.

Mientras callé, se envejecieron mis huesos
En mi gemir todo el día.

Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano;
Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah

Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.
Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová;
Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah

Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado;
Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él.

Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia;
Con cánticos de liberación me rodearás. Selah

Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar;
Sobre ti fijaré mis ojos.

No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento,
Que han de ser sujetados con cabestro y con freno,
Porque si no, no se acercan a ti.

10 Muchos dolores habrá para el impío;
Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia.

11 Alegraos en Jehová y gozaos, justos;
Y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón.


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