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Salmo 22, angustia y el sufrimiento de la forma humana

Salmo 22, angustia y el sufrimiento de la forma humana

El Salmo 22 denota una emoción totalmente contraria a la alegría, pues aquí se describe la angustia y el sufrimiento de la forma humana de Nuestro Señor Jesucristo.

Para los que pertenecemos a la corriente teológica cristiana estamos conscientes de la condición plena de Jesucristo como Dios, mas Él también era 100% hombre.

Como todo hombre en este salmo, a través de su creador El Rey David expresa tanto su miedo y angustia como la del del Mesías ante la adversidad.

Puede que sea criticado por tener este tipo de emociones siendo el Hombre Conforme al Corazón de Dios, pero ¿Qué hombre, en su plena condición humana no se siente desamparado al estar ante una situación adversa? Que lance la primera piedra quien esté totalmente libre de pecado.

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Usos del Salmo 22


Usos del Salmo 22

Es importante acotar que El Rey David se encontraba en una situación de persecución por parte del Rey Saúl. Estuvo escondido durante un largo tiempo en una cueva pues este último quería tomar su vida.

En verdad tiene un tinte bastante oscuro el Salmo 22, pues el sentimiento de abandono no es una emoción fácil de lidiar, sobre todo cuando sabemos que Dios es un ser omnipresente y omnipotente ¿Por qué nos dejó? ¿Qué hicimos mal? ¿Estaría entonces la palabra mintiéndonos acerca de su amor incondicional por el hombre?

Pues no es así, el Señor nunca nos abandona, pero es nuestra condición de pecado lo que lo inhabilita. Dios es un ser totalmente puro y así como la luz no se mezcla con las tinieblas, Él no se mezcla con el pecado.

De hecho, en el versículo hace referencia a si mismo como “un gusano”, fue porque había alcanzado el lugar más bajo, despreciado y desechado entre los hombres y como escondieron de él el rostro, fue menospreciado y no lo estimaron.

A pesar de todo el oprobio que el escritor del Salmo 22 pudo haber sentido nos enseña una gran fe y reverencia hacia Dios pues en ningún momento deja de reconocer su grandeza y su poderío, aun cuando era perseguido el salmista seguía adorando al Señor.

Esto nos enseña a que sin importar nuestra condición nunca debemos dejar de clamar su nombre, proclamar su grandeza y reconocer nuestra total dependencia hacia Él. Suya es toda la sabiduría por lo tanto debemos confiar en el Señor y aceptar la tribulación.

Salmo 22


1 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?

Dios mío, clamo de día, y no respondes;
Y de noche, y no hay para mí reposo.

Pero tú eres santo,
Tú que habitas entre las alabanzas de Israel.

En ti esperaron nuestros padres;
Esperaron, y tú los libraste.

Clamaron a ti, y fueron librados;
Confiaron en ti, y no fueron avergonzados.

Mas yo soy gusano, y no hombre;
Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo.

Todos los que me ven me escarnecen;
Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo:

Se encomendó a Jehová; líbrele él;
Sálvele, puesto que en él se complacía.

Pero tú eres el que me sacó del vientre;
El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre.

10 Sobre ti fui echado desde antes de nacer;
Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios.

11 No te alejes de mí, porque la angustia está cerca;
Porque no hay quien ayude.

12 Me han rodeado muchos toros;
Fuertes toros de Basán me han cercado.

13 Abrieron sobre mí su boca
Como león rapaz y rugiente.

14 He sido derramado como aguas,
Y todos mis huesos se descoyuntaron;
Mi corazón fue como cera,
Derritiéndose en medio de mis entrañas.

15 Como un tiesto se secó mi vigor,
Y mi lengua se pegó a mi paladar,
Y me has puesto en el polvo de la muerte.

16 Porque perros me han rodeado;
Me ha cercado cuadrilla de malignos;
Horadaron mis manos y mis pies.

17 Contar puedo todos mis huesos;
Entre tanto, ellos me miran y me observan.

18 Repartieron entre sí mis vestidos,
Y sobre mi ropa echaron suertes.

19 Mas tú, Jehová, no te alejes;
Fortaleza mía, apresúrate a socorrerme.

20 Libra de la espada mi alma,
Del poder del perro mi vida.

21 Sálvame de la boca del león,
Y líbrame de los cuernos de los búfalos.

22 Anunciaré tu nombre a mis hermanos;
En medio de la congregación te alabaré.

23 Los que teméis a Jehová, alabadle;
Glorificadle, descendencia toda de Jacob,
Y temedle vosotros, descendencia toda de Israel.

24 Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido,
Ni de él escondió su rostro;
Sino que cuando clamó a él, le oyó.

25 De ti será mi alabanza en la gran congregación;
Mis votos pagaré delante de los que le temen.

26 Comerán los humildes, y serán saciados;
Alabarán a Jehová los que le buscan;
Vivirá vuestro corazón para siempre.

27 Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra,
Y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti.

28 Porque de Jehová es el reino,
Y él regirá las naciones.

29 Comerán y adorarán todos los poderosos de la tierra;
Se postrarán delante de él todos los que descienden al polvo,
Aun el que no puede conservar la vida a su propia alma.

30 La posteridad le servirá;
Esto será contado de Jehová hasta la postrera generación.

31 Vendrán, y anunciarán su justicia;
A pueblo no nacido aún, anunciarán que él hizo esto.


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