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Salmo 18, la grandeza de la creación humana

Salmo 18, la grandeza de la creación humana

El salmo 18 de la biblia católica nos narra la grandeza de la creación. Vislumbramos la existencia de la divinidad cuando vemos resplandecer los cielos. Meditar sobre los mandatos divinos nos ayudara a sentir la presencia permanente de  Dios.

Es el señor pura luz y alegría para el alma de los seres humanos. La ley de Dios rige los destinos de todos los seres que habitan la tierra en igualdad de condiciones para todos los hijos que el mismo engendro.

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Recomendaciones acerca de salmo 18


Este salmo 18 contenidos en la biblia católica nos habla de la infinita grandeza de la creación. Son incontables las obras de los padres que se despliegan en los cielos y en la tierra. La lectura de este salmo glorificara a Jehová y su grandeza.

Debemos leerlo para aumentar su presencia entre nosotros y alabarlo como señal de agradecimiento y de reconocimiento como Dios único y verdadero. Podemos realizar un hermoso ritual y con el honraremos al creador.

Acompañaremos este salmo con velas encendidas así como grandes varas de incienso y mirra para alabar su divinidad. Agradecer al señor su presencia eterna nos ayudara a reafirmar nuestra fe. Es importante homenajear al creador como señal de gratitud por todo lo que nos ha otorgado.

Significado del salmo 18


Significado del salmo 18

El salmo 18 de la biblia católica lo podremos utilizar como instrumento para agradecer a Dios por su bondad y su presencia permanente en todas las actividades que desarrollamos en nuestra vida.

Ofrecer flores a la divinidad es un detalle de agradecimiento que llega al alma de la creación. Alegres estamos en la tierra con la emanación de la luz divina en nuestras vidas pues nos llena de bondad el alma y nos reconforta permanentemente.

La lectura de este salmo también nos sirve cuando deseamos iniciar cualquier estudio bíblico o cuando vamos a realizar algún tipo de apertura ante una ceremonia religiosa. Es un salmo que alaba la grandeza de la creación y reafirma su infinita bondad.

Los servicios religiosos que se ofrecen en distintos lugares del planeta siempre se inician con ceremonias llenas de elementos que brindan armonía.

Este salmo encierra en su contenido una gran sabiduría y les recuerda a los hombres el respeto al creador y el camino que deben seguir obedeciendo las leyes divinas para tener una vida feliz.

Salmo 18


Yo te amo, Señor, mi fuerza,

Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador,
mi Dios, el peñasco en que me refugio,
mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.

Invoqué al Señor, que es digno de alabanza
y quedé a salvo de mis enemigos.

Las olas de la Muerte me envolvieron,
me aterraron los torrentes devastadores,

Me cercaron los lazos del Abismo,
las redes de la Muerte llegaron hasta mí.

Pero en mi angustia invoqué al Señor,
grité a mi Dios pidiendo auxilio,
y él escuchó mi voz desde su Templo,
mi grito llegó hasta sus oídos.

Entonces tembló y se tambaleó la tierra;
vacilaron los fundamentos de las montañas,
y se conmovieron a causa de su furor;

De su nariz se alzó una humareda,
de su boca, un fuego abrasador,
y arrojaba carbones encendidos.

El Señor inclinó el cielo, y descendió
con un espeso nubarrón bajo sus pies;

10 Montó en el Querubín y emprendió vuelo,
planeando sobre las alas del viento.

11 Se envolvió en un manto de tinieblas;
un oscuro aguacero y espesas nubes
lo cubrían como un toldo;

12 Las nubes se deshicieron en granizo y centellas
al fulgor de su presencia.

13 El Señor tronaba desde el cielo,
el Altísimo hacía oír su voz;

14 Arrojó sus flechas y los dispersó,
multiplicó sus rayos y sembró la confusión.

15 Al proferir tus amenazas, Señor,
al soplar el vendaval de tu ira,
aparecieron los cauces del mar
y quedaron a la vista los cimientos.

16 Él tendió su mano desde lo alto y me tomó,
me sacó de las aguas caudalosas;

17 Me libró de mi enemigo poderoso,
de adversarios más fuertes que yo.

18 Ellos me enfrentaron en un día nefasto,
pero el Señor fue mi apoyo:

19 Me sacó a un lugar espacioso,
me libró, porque me ama.

20 El Señor me recompensó por mi justicia,
me retribuyó por la inocencia de mis manos:

21 Porque seguí fielmente los caminos del Señor,
y no me aparté de mi Dios, haciendo el mal;

22 Porque tengo presente todas sus decisiones
y nunca me alejé de sus preceptos.

23 Tuve ante él una conducta irreprochable
y me esforcé por no ofenderlo.

24 El Señor me premió, porque yo era justo
y mis manos eran inocentes a sus ojos.

25 Tú eres bondadoso con los buenos
y eres íntegro con el hombre intachable;

26 Eres sincero con los que son sinceros
y te muestras astuto con los falsos.

27 Porque tú salvas al pueblo oprimido
y humillas los ojos altaneros;

28 Tú eres mi lámpara, Señor:
Dios mío, tu iluminas mis tinieblas.

29 Contigo puedo asaltar una muralla;
con mi Dios, puedo escalar cualquier muralla.

30 El camino de Dios es perfecto,
la promesa del Señor es digna de confianza.
El Señor es un escudo para los que se refugian en él,

31 Porque ¿quién es Dios fuera del Señor?,
¿y quién es la Roca fuera de nuestro Dios?

32 Él es el Dios que me ciñe de valor
y hace intachable mi camino;

33 El que me da la rapidez de un ciervo
y me afianza en las alturas;

34 El que adiestra mis manos para la guerra
y mis brazos para tender el arco de bronce.

35 Me entregaste tu escudo victorioso
y tu mano derecha me sostuvo;
me engrandeciste con tu triunfo,

36 Me hiciste dar largos pasos,
y no se doblaron mis tobillos.

37 Perseguí y alcancé a mis enemigos,
no me volví hasta que fueron aniquilados;

38 Los derroté y no pudieron rehacerse,
quedaron abatidos bajo mis pies.

39 Tú me ceñiste de valor para la lucha,
doblegaste ante mí a mis agresores;

40 Pusiste en fuga a mis enemigos,
y yo exterminé a mis adversarios.

41 Imploraron, pero nadie los salvó;
gritaban al Señor, pero no les respondía.

42 Los deshice como polvo barrido por el viento,
los pisé como el barro de las calles.

43 Tú me libraste de un ejército incontable
y me pusiste al frente de naciones:
pueblos extraños son mis vasallos.

44 Gente extranjera me rinde pleitesía;
apenas me oyen nombrar, me prestan obediencia.

45 Los extranjeros palidecen ante mí
y, temblando, abandonan sus refugios.

46 ¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca!
¡Glorificado sea el Dios de mi salvación,

47 El Dios que venga mis agravios
y pone a los pueblos a mis pies!

48 Tú me liberas de mis enemigos,
me haces triunfar de mis agresores
y me libras del hombre violento.

49 Por eso te alabaré entre las naciones
y cantaré, Señor, en honor de tu Nombre.

50 Él concede grandes victorias a su rey
y trata con fidelidad a su Ungido,
a David y a su descendencia para siempre.


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