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Salmo 10, clamar justicia al creador para que demuestre su poder sobre la maldad

Salmo 10, clamar justicia al creador para que demuestre su poder sobre la maldad

El salmo 10 que se encuentra en la biblia católica nos enseña a pedir al creador que demuestre su poder sobre la maldad. Es Jehová el creador de los cielos y la tierra. El hombre es su obra hecha de barro y lo protegerá de aquellos que deseen perturbarlo.

La plegaria expresada en este salmo exige al creador justicia hacia aquellos hombres que desconocen la ley de Dios y que se creen superiores a otros habitantes de la tierra.

Significado del salmo 10


El hombre en la sociedad actual se enfrenta a múltiples acontecimientos en la vida que le ha permitido evolucionar en su condición humana. Clamar justicia al creador a través de este salmo 10 de la biblia católica es importante.

Si somos seres que hemos tenido una vida recta y llena de amor no podemos permitir que el desamor y la injusticia pretendan dañar nuestras vidas. Por esa razón este salmo es importante cuando necesitamos pedir a nuestro creador la aplicación de la justicia divina en la tierra.

El pecador se siente fuerte deseando el mal y en ocasiones observamos como progresa en bienes materiales. Sin embargo es sabio reconocer que Jehová sabe el momento de aplicarle la justicia para que este hombre de corazón oscuro algún día se convierta en un hombre de bien y ame al creador en su grandeza.

El uso del salmo 10


El uso del salmo 10

El salmo 10 de la biblia católica debemos utilizarlo cuando estemos ante una gran injusticia. Las velas blancas nos sirven para conectarnos con la energía de Dios. Para realizar un ritual de amor que agrade al creador adornaremos el salón donde colocaremos velas con flores.

Luego de realizar una meditación profunda repetiremos este poderoso salmo dos veces de manera de reafirmar nuestra petición de justicia ante el altísimo.
Pedir justicia plena es un acto de verdadera valentía que comete el hombre recto y bondadoso de corazón.

Nunca sabremos con exactitud cuáles son los designios de la creación sin embrago lo cierto es que la justicia nunca es olvidada. Quizás tardes en observar los resultados de esta poderosísima plegaria pero lo cierto es que cuando la realiza un hombre bueno y de alma pura podrás ver sus efectos sobre el pecador de una manera contundente que te asombrara.

El Salmo 10


¿Por qué te quedas lejos, Señor, Y te ocultas en los momentos de peligro?
El pobre se consume por la soberbia del malvado Y queda envuelto en las intrigas tramadas contra él.
Porque el malvado se jacta de su ambición, El codicioso blasfema y menosprecia al Señor;
El impío exclama en el colmo de su arrogancia: “No hay ningún Dios que me pida cuenta”. Esto es lo único que piensa.
Sus caminos prosperan constantemente; Tus juicios, allá arriba, lo tienen sin cuidado; Elimina de un soplo a todos sus rivales
Y se dice a sí mismo: “No vacilaré, Seré siempre feliz, no tendré contrariedades”.
Su boca está llena de maldiciones, de engaños y de violencias; Detrás de sus palabras hay malicia y opresión;
Se pone al acecho en los poblados Y mata al inocente en lugares ocultos. Ain Sus ojos espían a los débiles;
Acecha ocultamente como el león en su guarida; Se agazapa para atrapar al pobre, Y lo atrapa arrastrándolo en sus redes.
10 Espía, se inclina, se dobla, y cae sobre el débil con todas sus fuerzas.
11 Luego piensa: “Dios lo olvida; Aparta su rostro y nunca ve nada”. Súplica al Señor, defensor de los humildes
12 ¡Levántate, Señor Dios, alza tu mano, no te olvides de los pobres!
13 ¿Por qué el malvado desprecia a Dios, Pensando que tú no pides cuenta?
14 Pero tú lo estás viendo: Tú consideras los trabajos y el dolor, Para tomarlos en tus propias manos. El débil se encomienda a ti; Tú eres el protector del huérfano.
15 ¡Quiebra el brazo del malvado y del impío, Castiga su malicia y no subsistirá!
16 El Señor reina para siempre Y los paganos desaparecerán de la tierra.
17 Tú, Señor, escuchas los deseos de los pobres, Los reconfortas y les prestas atención.
18 Tú haces justicia al huérfano y al oprimido: ¡Que el hombre hecho de tierra no infunda más temor!


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