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Experiencias de Viajes Astrales

Experiencias de Viajes Astrales

Existe un  mundo intangible que está a nuestro lado, es el mundo de la energía, del alma y del espíritu, es un mundo donde acontecen muchas situaciones maravillosas, una de esas son las experiencias de viajes astrales.

Existen muchos relatos que podemos encontrar en Internet o comunidades que comparten este tipo de experiencias y dan recomendaciones de cómo hacer estos viajes o desdoblamientos, conscientes y sin ningún riesgo.

A continuación presentamos tres relatos de experiencias de viajes astrales muy interesantes.

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Relatos de experiencias de viajes astrales


Experiencias de viajes astrales: relato de Jefferson L. Orland

En un relato publicado en “Todos somos uno”, Jefferson nos relata un viaje astral que tuvo el 2008 en la ciudad de Paraná:

“Era la tercera vez que estaba en esta ciudad, pero en esa casa era la primera vez. Más tarde descubrí que habían acontecido muchas cosas malas en esa casa, problemas familiares, intrigas, agresiones, incluso intentos de homicidio.

Cuando estaba durmiendo, sentí que salía de mi cuerpo y vi a través de la ventana un espíritu como deformado afuera, él me miraba fijamente.

El espíritu quería entrar a la casa, pero no podía. Yo me asusté con aquella figura. Con miedo me fui hacia la sala y encontré centenas de espíritus deambulando por la sala de un lado para otro.

Eran muchos, parecía como si yo estuviese en una estación de metro en horario de punta, pero ninguno me lograba ver. De pronto una familia se acercó a mí, estaban tomados de las manos y el me veía.

Yo quedé helado, tuve miedo, de repente el señor se dirigió a mí y me preguntó: Usted, ¿me puede ayudar? Nosotros estamos viajando de autobús y ahora estamos aquí. Ya estamos viajando hace bastante tiempo y no sabemos para dónde estamos yendo.

En ese momento me dio tanto miedo que volví, de un solo impulso, hacia mi cuerpo físico con el corazón acelerado, la adrenalina a mil y lleno de emociones. Fue una experiencia increíble, incluso con miedo yo pude ver todo aquello y percibir la posibilidad de la reencarnación.

¡Nadie me lo contó, yo lo vi! Me dio pena no poder ayudar a aquella familia, pero era porque estaba con mucho miedo y no tenía, estudios suficientes en esa época para controlar mis emociones en la proyección astral.

Experiencias de viajes astrales: relato de Moisés Esagüi

Mi primera experiencia fue a los siete años. Yo vivía en Manaos, en una casa de madera, con balcones que la rodeaban, mi hermano y yo dormíamos en hamacas.

Cierta noche recostado en la hamaca vi una ropa colgado en los cables al lado de la hamaca y me asusté, pensando que era un monstruo, me tapé con la misma tela de la hamaca y me dormí.

Pasado un tiempo desperté, mirándome dormir, fuera de mi cuerpo con una nitidez impresionante.

Comencé a deambular y atravesé la pared, sin sentir nada de miedo, seguí por el pasillo hasta la sala donde estaban mis padres, intenté hablar con ellos, pero no me respondían, como yo era un niño aún, no comprendía lo que estaba sucediendo, luego me sentí impulsado a salir de la casa y me dirigí a la casa de enfrente donde estaba una vecina de  mi misma edad.

Estaba en la misma condición que yo, es decir desdoblada fuera de su cuerpo, esto confirmó la experiencia, ella se dirigió hacia mí y nos abrazamos.

Al día siguiente cuando íbamos juntos a la escuela, estábamos ambos, llenos de vergüenza. Ella me miraba con desconfianza, pero fue más valiente que yo y me dijo que había tenido un sueño, pero le daba vergüenza contarme.

Yo le dije que también había tenido un sueño y tuve le dije que lo escribiría en un papel, después le pedí que me contará el sueño. Luego le mostré el papel y ella quedó impresionada, ya que habíamos tenido el mismo “sueño” que acabé de contar.

Experiencias de viajes astrales: relato de Daniel Meurois

Uno de los pioneros en la proyección astral y escritor de varios libros sobre el tema, cuenta en una entrevista realizada por Michèle L. para Le Passe-Monde cuenta su primera experiencia de proyección astral.

Todo sucedió una tarde de primavera de 1971, al regresar de la universidad.

Una noche me encontraba acostado en la cama. Estaba un tanto cansado y relajado. En algún momento, comencé a no percibir mi cuerpo, es decir, que mis miembros no parecían claramente míos, eran cualquier cosa menos una parte de mí.

Era un estado que no reconocía pero, lo dejé venir, me inundaba el cuerpo y, en un momento dado, fue como una especie de espiral, era más fuerte que yo, algo me succionaba fuera de mi cuerpo.

En una fracción de segundos, me vi desde fuera, vi a un hombre acostado en la cama y ese hombre era yo. A la vez que me encontraba flotando cerca del techo del dormitorio.

La visión de mi cuerpo desde el exterior, duró algún tiempo, lo suficiente para darme cuenta de lo que sucedía. En primer lugar, me di cuenta que estaba fuera de mi cuerpo. También me di cuenta de que mis sentidos se multiplicaron en comparación con mi vida cotidiana.

Por ejemplo, mi visión se amplió considerablemente, incluso tuve la sensación de ser capaz de ver a 360º. Por otro lado, la luz era mucho más viva, más brillante. Podía casi ver vibrar los átomos de la materia, los colores eran maravillosos.

El sentido del oído también se incrementó como diez veces más, era como si tuviera amplificadores en los oídos.

Al darme cuenta de todo esto, no lograba estabilizar mi cuerpo, no sé cómo llamarlo y tuve la extraña sensación de introducirme dentro del armario, interpenetrar la materia y ver lo que había dentro, ahí me di cuenta que ya no era material, no tenía cuerpo físico.

Así que, la primera impresión que tuve y la primera pregunta que me hice fue: “¿Es que estoy muerto?” Era obvio, me veía desde fuera, mis sentidos ya no eran como antes, no había nada más que decir y me pregunto:”¿Qué es la muerte?”.

En ese momento no tenía ningún miedo porque era una sensación, diría que embriagadora, tenía mucha paz en mí y me limité a decir: “Bueno, si esto es la muerte, Dios mío, es maravilloso”.

Esta situación duró entre 5 y 10 minutos, no tenía tiempo para pensar ni para ver, entonces, de pronto, mi consciencia fue llamada a volver a mi cuerpo físico.

Me costó retomar inmediatamente el control de mi cuerpo, no sentía mis miembros y me llevó tiempo recuperarme. Estaba un tanto rígido e incómodo.

Así fue realmente mi primera experiencia”.


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